Los Mercados de Capitales son uno de los mayores inventos del capitalismo. Desde sus orígenes en las lonjas de Amberes hasta los modernos mercados de valores de contratación electrónica, pasando por los mercados de corros, los beneficios que los Mercados de Capitales han aportado a la sociedad son dignos de alabanza.
Una generación de españoles han crecido a espaldas de los Mercados de Capitales; “eso es cosa de ricos”; “sólo unos pocos la conocen”. Estas afirmaciones han sido sus disculpas para reconocer su alejamiento de ellos. Incluso hoy en día, muchas personas piensan que la Bolsa es un mero juego de azar, donde las ganancias o las pérdidas sólo dependen de la diosa Fortuna sin dejar ninguna responsabilidad al estudio, al análisis y a los conocimientos de los mercados.
Los Mercados de Capitales son uno de los mayores inventos del capitalismo. Desde sus orígenes en las Lonjas de Amberes hasta los modernos mercados de valores de contratación electrónica, pasando por los mercados de corros, los beneficios que los Mercados de Capitales han aportado a la sociedad son dignos de alabanza.
Gracias a los Mercados de Capitales los inversores podemos desprendernos con rapidez y seguridad de nuestros valores. No tenemos la necesidad de buscar al comprador; el mercado lo hace por nosotros. Junta a los compradores con los vendedores, facilitando las transacciones y permitiendo encontrar un precio justo de los valores que se intercambian. Facilitan la inversión, puesto que simplifican enormemente la tarea de buscar los valores adecuados al riesgo que queremos soportar. Esta característica estimula la participación en los mercados, haciendo que el término de “capitalismo popular” sea más corriente ahora que hace años.
Gracias a la existencia de los mercados y a la búsqueda de los beneficios, los protagonistas de estos han desarrollado diferentes técnicas para encontrar el valor verdadero de los valores; han desarrollado diferentes técnicas de valoración de empresa, que han trascendido el mundo de los mercados financieros y son utilizadas en diferentes áreas económicas.
Otra de las consecuencias de la existencia de los Mercados de Capitales es la información. La existencia de estos hace que fluya todo tipo de información a los participantes de los mercados. La información es la piedra clave de los mercados; tanto que en función de la cantidad de información que contengan los precios que se cruzan en los mercados, clasificaremos a estos como muy o poco eficientes. Un mercado eficiente es aquél en el que los precios de los activos que se cruzan en él reflejan el valor intrínseco de esos activos. Se le atribuye tanto a Quevedo como a Machado la frase de “Todo necio confunde valor con precio”. Un mercado eficiente sería, en este caso, un mercado poco quevediano o machadiano.
EFICIENCIA DE LOS MERCADOS
La eficiencia de los mercados es la eterna discusión: son o no eficientes los mercados. Y hay respuestas para todos los gustos. Lo que sí es verdad, es que los mercados tienden a ser eficientes y que los beneficios extraordinarios que se pueden conseguir en ellos, son raros y producidos por ineficiencias temporales de los mismos. En verdad, un mercado eficiente es aquel donde no se podrían obtener beneficios mayores de la media del mercado de manera periódica. Piense que un mercado como la Bolsa de Madrid, si le atribuimos una prima de riesgo del 6% ofrecerá a sus inversores a largo plazo en torno a un 10% de rentabilidad anual. Cuando un inversor hace las cosas correctamente, toma las decisiones más sensatas como diversificar su cartera y utiliza técnicas bursátiles como el análisis fundamental para seleccionar los valores a comprar y el análisis técnico para decidir el momento en el que tiene que comprar o vender, conseguirá la rentabilidad que ofrece el mercado a largo plazo.
Esto es una de las cosas que más les sorprende a los neófitos: la Bolsa no hace rico a nadie. Cuando alguien sale rico de la Bolsa es que entró rico en ella. Supongamos un inversor prudente que obtiene en la Bolsa de Madrid una plusvalía de 100 millones de euros. Este señor habrá entrado con toda seguridad con 1.000 millones de euros. Era rico. ¡Es que no le hacía falta entrar en Bolsa para hacerse rico!
Los Mercados de Capitales son sistemas de ahorro para el público y de financiación para las empresas. Permiten distribuir los ahorros y transformar depósitos improductivos en proyectos de inversión empresarial. Además reducen el riesgo de las empresas al poder “atomizar” su capital y distribuirlo entre los inversores. Los Mercados de Capitales son, también, poderosas máquinas de innovación que, bajo la premisa de la búsqueda de una financiación más baja o una rentabilidad más alta, inventan productos, procedimientos y algoritmos que permitan conseguir esos objetivos.
Una de esas innovaciones son las empresas de Capital Riesgo. Estas empresas que básicamente compran negocios con un potencial de crecimiento alto para luego venderlas, son el complemento ideal para las funciones que tradicionalmente hacen los mercados y que hemos descrito anteriormente. Las empresas de Capital Riesgo tienen una gran importancia puesto que, gracias a ellas, aumenta el número de supervivencia de las empresas y eso es así al profesionalizar la gestión de las empresas objetivo y racionalizar su producción. Las empresas de Capital Riesgo han desarrollado tanto metodologías como nuevos productos para financiar sus adquisiciones.
De la existencia de los mercados de Capitales y de las empresas de Capital Riesgo, nos beneficiamos todos, puesto que la evolución en paralelo de las dos instituciones hace que los inversores encontremos mercados más eficientes, líquidos y seguros.
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